Glorifica a Dios con tu cuerpo porque le pertenece a Él: 1- Su señorío debe regular tu libertad cristiana (v 12). Dios no tolera una fidelidad compartida. Él exige lealtad exclusiva de los suyos. 2- Debiera ser entregado en servicio a Él (v. 13-14). Si tu cuerpo es para el Señor porque es entregado como instrumento a la iniquidad. El fin de tu cuerpo no es en la tumba, serás resucitado para vida o para condenación. Arrepiéntete y cree en el evangelio. 3- No debe contradecir con acciones profanas tu unión con Cristo (v. 15-18). Huye de la fornicación cerrando completamente cualquier puerta que te lleve a ella. 4- Debe revelar quien es el verdadero propietario para Gloria de Dios. (v. 19-20). Tu actuación debe ser coherente con tu profesión y con tu posesión. Conclusión Tu cuerpo le pertenece a Dios. Preséntalo cada día como un sacrifico agradable.